Flickr!

19 09 2007

Sí, sé que no actualizo el blog, que paso de todo esto… ¡Pero bueno, tampoco es pa tanto! Lo que pasa es que uno se acomoda, se relaja y se acostumbra muy rápido a la buena vida, a beber del lujo del amor, de enamorarse de los lujos… Y sí, se acostumbra a no escribir xDD

Actualizo hoy el blog para comunicaros que me he registrado en Flickr!, el espacio de Yahoo! para que todo el que quiera cuelgue sus fotos más significativas en Internet y las comparta con to’ dios. Ahí subiré mis fotos más logradas y/o divertidas. Espero crear un espacio flickr decente.

Y tranquilos, que todo llegará y vendrán más posts… Para tranquilizaros, sólo deciros que vivimos muy bien, y el cambio ha sido totalmente positivo ;-)

Mi espacio en Flickr

¡Un abrazo!





Dibujando vida

9 07 2007

Qué curioso es el funcionamiento de la apariencia. El cómo algo puede pasar de ser una aberración a una maravilla. Del cómo el sucio se convierte en limpio o lo muerto recobra vida. Me parece fascinante que nosotros, con nuestras manitas, podamos hacer que donde antes había desolación, ahora reine la alegría. Que donde flotaba en el aire el olor agobiante de una casa cerrada en verano, ahora sea autopista multicolor de frescas y dulces fragancias. Que de aquél austero y malparado rincón, surjan ahora luces y espacios alegres. Realmente nunca me había fijado, pero el ser humano tiene una capacidad realmente poderosa para convertir en vida todo lo que tiene algo de muerte en sí. Aunque, en casos de salud, no todo el monte sea orégano, claro.

Os parecerá increíble, pero la inspiración que me empuja a escribir este artículo la saco de la ilusión y la paz que encuentro al meterme, poco a poco, en mi futuro. En nuestro futuro. En la creación y decoración de nuestro hogar.

Ayer domingo fue el primer día de remodelación hogareña, y no nos fue nada mal, teniendo en cuenta que sólo tuvimos unas horas para hacernos una idea del trabajo que nos espera y comenzar, poco a poco, a limpiar la casa. Cartones, ropa por en medio, muebles, bolsas, comida… Teníamos que deshacernos de muchas cosas, y Almudena se encargó de comenzar por el cuarto de Iván. Y estuvo un buen rato eh, no creáis que fue moco de pavo. Tuvimos que romper un mueble y todo (a todas luces inútil). Qué lástima de dinero perdido, vaya mueble más innecesario… Pero en fin, fue limpiar y ordenar la habitación, abrir la persiana y dejar que entrase luz y aire y el cuarto ganó una alegría que no veíamos sino en la cara del niño. Qué chula te va a quedar la habitación, pequeñajo ;-)

Al mismo tiempo que Almu se encargaba del palacio de Iván, yo tapaba agujeros con Aquaplast (que bien va, el jodío) en nuestra habitación. Limpié el suelo y, por último y no menos importante, pinté nuestra pared. Sí, bueno, hemos decidido pintar la pared que hará de cabecero de la cama. No os diré el color; sólo os diré que queda precioso. En cuanto Almu acabó con la habitación de Iván, también se cargó el baño entero, que madre mía de mi alma, parecía eso una maqueta 1:1000 del Bronx. Entre las colillas, el suelo, los churretes y el espejo, podría bien compararse aquél servicio con el de cualquier pub de mala muerte de Gomila. Sin embargo, el buen hacer de mi enamorada mujer dejó en muy buen lugar el brillo que al rato cubría las paredes. Y es que se hartó de trabajar, mi pobrecita.

Es por eso que os digo que sólo ayer, sólo en tres o cuatro horas, convertimos dos habitaciones y un baño en tres espacios preciosos, bien olientes y dignos de una sonrisa. Es por eso que digo que con voluntad y mano de obra (y algo de gusto) se puede resucitar lo que sea y dibujarle una sonrisa.

Ahora toca seguir tirando basura, terminar con la pintura (o seguir) y pasar a la cocina y el salón. Para lo último dejaremos el patio, que es la guinda del pastel.

Como detalle, deciros que jamás había cogido una brocha, ni un rodillo, ni tapé nunca un agujero en la pared. Sin embargo, creo que bien basta tener un poquito de ilusión para crear de la tarea una aventura. Que es nuestro futuro el que estamos construyendo. Y que aún no hemos empezado, y ya me siento orgulloso.





La curva favorable

27 06 2007

Algunos no tendrán ni pajolera idea de lo que este título significa. Sólo aquellos más allegados a mí (pocos), mi familia y mi media naranja pueden imaginar el significado que esconden esas tres palabras. Y es que, tras vivir durante algunos (muchos) meses a caballo entre noches taciturnas y dichosas, es ahora cuando veo venir una nueva etapa de mi vida. De nuestras vidas.

Atrás quedaron muchos momentos desagradables, decisiones importantes que darían un vuelco a las situaciones de aquél entonces, malos tragos… Y es por eso que, ahora que lo que veo llegar es infinitamente mejor que todo lo pasado, siento que la curva en nuestras vidas sólo puede subir. Sólo puede ser una curva favorable.

Al niño le toca madurar y salir del nido. Adiós papá, adiós mamá. Me voy con una chica que me ama, que me alegra la vida y me permite sacar cada día de mi corazón todo un cargamento de amor deshinibido. Ha llegado el momento de saber lo que significa vivir en pareja, cuidar al cien por cien de mi niña (y de “mi” niño), superar los problemas que podamos encontrarnos en el camino y encauzar nuestras vidas hasta alcanzar ese punto soñado, en el que lo más triste que te pueda pasar es que no tengas un duro en el banco a fin de mes, pero que en casa tengas todo lo necesario para ser una persona feliz. Que puedas vocear sin reparo alguno, ni duda que por asomo exista, que el rinconcito más feliz del mundo se encuentra entre tus cuatro paredes. De fomentar en nuestra pequeña familia todo un aluvión de valores que conviertan al pequeñajo en un chavalín ejemplar, sano y educado, de vivir con mi mujer y llenarla de rosas todos los días, de obstinarme sólo en ver una sonrisa en su carita y sentirme realizado al ver que tras esa puerta gruesa, tosca y pesada, existe un conjunto de sentimientos y sensaciones tan positivos como el mismo nirvana.

Comienza una nueva etapa para nosotros, peluche. Vamos a poner todo de nuestra parte para hacer de esta aventura toda una fantasía. Porque la ilusión de todos los días, cariño mío, es verte feliz.

Ocho mil millones de besos ;-)





El egoísmo de querer que tu madre siga viva

26 06 2007

Os transcribo un fragmento de “En tiempo de prodigios”, el libro que me estoy leyendo. Es un poco largo, pero ya que os lo he tecleado letra a letra desde sus páginas, me gustaría que lo leyérais…

Escena en la que Cecilia, una mujer de treinta y cuatro años y protagonista de la historia, va a visitar al anciano Silvio, el abuelo de su mejor amiga. Éste se ha quedado solo por un tiempo y nuestra protagonista se compromete a visitarle a menudo para que la soledad no le apabulle. A Cecilia se le murió su madre hace poco tiempo, y en la última conversación que tuvo con Silvio, éste le comentó que posiblemente, la muerte de su madre era lo mejor que podía pasar en aquellos momentos, con lo que Cecilia se marchó indignada, llorando y terriblemente triste. Ahora, vuelve a visitar al viejo.

Pasé a la sala. El abuelo estaba allí, solo, mirando por la ventana. No parecía haber oído el timbre de la puerta ni mi conversación con Lucinda, su sirvienta. Como mi primera tarde en aquella casa, pude mirarle sin que él me viera: el perfil limpio recortado en la tarde de otoño, el cabello blanco, las manos nudosas y los ojos fijos en quién sabe qué, como si estuviese esperando algo. O quizá comop si pensase que no había nada que esperar, puesto que todas las cosas ya habían sucedido. Así que esto es la vejez… Pensé.

-Hola, Silvio…

Apartó la vista de la ventana, y la forma en que me miró hizo que entendiese hasta qué punto había sido implacable con él la otra tarde, al marcharme de aquél modo.

-Cecilia, hija…

Se me llenaron los ojos de lágrimas. Me acerqué a Silvio y le dí un breve abrazo cuando se levantó a saludarme. Olía a loción de afeitado y a jabón de La Toja.

-Pensé que no ibas a volver…
-Qué tontería…
-Pero siéntate. Lucinda traerá el té en seguida. ¿Hace frío en la calle? ¿Quieres que subamos la calefacción?

No sabía si me merecía todos aquellos mimos, pero los acepté de buen grado. Lucinda apareció con la bandeja de la merienda, nos sirvió el té, el bizcocho y se retiró igual que siempre, en su particular silencio… como si se hubiese desvanecido en el aire.

-Cecilia, hay algo que quiero explicarte. Es por lo del otro día…

Yo no necesitaba aclaraciones. Sólo quería olvidar lo que había pasado y mi lamentable comportamiento. Las excusas de Silvio no harían si no avergonzarme todavía más, y ya me encontraba suficientemente arrepentida tras haber sacado los pies del tiesto.

-En realidad, soy yo la que tiene que explicarse -le dije-. No debí haber reaccionado de esa forma… Había tenido un día horrible, ¿sabe? Y supongo que…

Silvio me interrumpió.

-No, eso es igual. Pero me gustaría que entendieses a qué me refería cuando dije que quizá era mejor que las cosas hubieran sucedido así con tu madre.
-Le aseguro que no es necesario.

Silvio se pasó las manos por los ojos.

-Pues yo creo que sí. Dame unos minutos, ¿de acuerdo? -Desvió la vista y, apoyando la espalda en el sillón, volvió a mirar por la ventana-. Verás, mi mujer… la abuela de Elena, tu mejor amiga… también murió de cáncer.
-No lo sabía. Lo siento mucho. -Era una frase torpe. Elena debía haberme advertido de aquella coincidencia.
-Sucedió hace tiempo, antes de que Elena naciera. Carmen estuvo enferma durante casi doce años. A ella le diagnosticaron el tumor
en una exploración de rutina. Carmina era muy joven y no reaccionó bien cuando supo lo que le ocurría a su madre. Ya sabes lo que viene cuando te dicen que tienes cáncer: quimioterapia, bomba de cobalto, la incertidumbre de las revisiones… Mi hija no estaba preparada para lo que se nos vino encima. Y se hundió. No puedo explicarte el daño que aquello le causó a Carmen. Creo que el ver así a su hija fue para ella mucho peor que el propio cáncer. Carmina adoraba a su madre. Intentaba ayudarla, pero, sencillamente, era incapaz. Le faltaban años, experiencia, sentido común, fortaleza… Ésas son cosas que uno aprende poco a poco, y ella tuvo que asumirlas de un solo golpe, en mitad de su paso a la edad adulta. Lo llevó muy mal. Mucho peor que Carmen su enfermedad. Después, cuando ella murió, a Carmina le costó mucho superar la convicción de que había sido incapaz de ayudar a su madre.

No sabía muy bien a dónde quería llegar Silvio.

-Perdone, pero no sé que tiene que ver todo esto conmigo.
-El otro día me dijiste que tu madre no se hacía revisiones y por eso el diagnóstico de su enfermedad llegó tarde. No apruebo ese
comportamiento pero, por otro lado, te ahorró mucho tiempo de dolor. Uno años importantes, Cecilia. ¿Puedes imaginar lo que es crecer y madurar mientras se arrastra la rémora de una enfermedad grave? ¿Crees de verdad que hace ocho, nueve años, hubieses sido capaz de plantar cara a lo que os pasó? ¿Estás segura de que no te hubieses hundido para siempre, como le ocurrió a mi hija? No conocí a tu madre, pero a lo mejor ella hizo su elección conscientemente. En esos años se estaban poniendo los cimientos de tu vida, Cecilia. De tu vida y de la vida de tu familia. Cualquier cosa que ocurre a los veinte años te cambia el futuro sin contemplaciones. Las madres saben eso. Y tu madre también lo sabía. Supongo que no quiso torcer vuestro destino.
-¿Y cree usted que no lo hizo al morirse tan pronto?
-Claro, pero no tanto como si tu vida hubiera empezado a tambalearse nueve, diez años atrás. ¿Cuántos tenías tú entonces?
-Veinticinco. Tengo dos hermanas menores.
-Intenta recordar lo que hacías entonces. -Y ante el gesto cansado que no pude reprimir, insistió-: Vamos, haz un esfuerzo.

Volví atrás en el tiempo. Veinticinco años. Acababa de ganar una beca para pasar un trimestre en Oxford. Fue allí donde conocí a su nieta, Elena. En ese momento, y por primera vez, me di cuenta de que, de haberse declarado la enfermedad de mi madre, no hubiese aceptado jamás aquella estancia en Inglaterra. Silvio parecía haberme leído el pensamiento.

-Cecilia, piensa en todas las cosas buenas que os sucedieron en esos años. Buena parte de ellas no hubieran ocurrido si tu madre os hubiera dicho que estaba enferma.

Aquella tarde hice balance de todos los pequeños y grandes acontecimientos que habían marcado mi vida y las de los míos en los últimos nueve años. La boda de mi hermana. Los primeros tiempos de mi relación con Miguel. Los libros que ilustré, el premio que me dieron en Italia, los viajes por Europa. Las fiestas familiares donde no había ni una sombra que amenazase la alegría general. La sensación, muchas veces, de tenerlo todo. El nacimiento de mi sobrina. Las vacaciones en el campo. Las navidades. La certeza de moverme en un terreno seguro y firme donde cada cosa estaba en su sitio. Si la enfermedad de mi madre hubiese aparecido en su momento, ¿qué hubiese ocurrido con nuestras vidas? Mi hermana, seguramente, no hubiese aceptado un trabajo en Madrid, y, en consecuencia, no habría conocido al hombre con quien se casó después. La niña no habría nacido nunca. Yo también hubiese vuelto a casa. No había entrado en contacto con aquella editorial que me encargó el primer libro de cuentos. Quizá habría dejado de dibujar. Tenía tantas dudas sobre todas las cosas hace ocho años, que sólo la solidez del mundo que me rodeaba me había impulsado a seguir adelante. No, definitivamente no hubiese continuado mi carrera como ilustradora de haber estado moviéndome en un terreno resbaladizo. Hoy no tendría mi casa, ni mi estabilidad económica, ni tantas otras cosas a las que, de eso sí estoy segura, renunciaría sin dudar a cambio de que mi madre estuviese viva. Porque nada podía consolarme por haberla perdido, ni había ninguna cosa material capaz de compensar su ausencia.

-¿Sabe, Silvio? Es que yo preferiría no tener lo que tengo, y que mi madre no hubiese muerto.
-Bueno, tú sí, pero no puedes saber lo que preferiría ella. ¿Fuisteis felices en esos años, Cecilia? Pues cada momento de esa felicidad os lo regaló ella. Optó por dar la voz de alarma cuando erais adultos y ya habíais encauzado vuestras vidas. No sé si fue una decisión equivocada, pero fue su decisión. No hagas reproches a su memoria, Cecilia. Respeta lo que hizo, y dale las gracias. Y entiende que, aunque tal vez no eligió el camino más correcto, su error fue simplemente un acto de amor hacia vosotros.

Silvio me había cogido de la mano. No sé si era consciente de que sus palabras habían despertado en mi interior una paz desconocida, una tranquilidad de espíritu que no había sentido en ningún momento de los últimos meses.

-Era una mujer maravillosa -le dije.
-Estoy seguro de eso. Y para tí es una suerte poder recordarla de ese modo. Supongo que eso es lo importante: lo que dejamos en los demás, la memoria que queda de nosotros.

Estuve un rato así, aferrada a la mano de Silvio mientras pensaba en mi madre y en todas las cosas espléndidas que habíamos vivido juntas en estos años. Por primera vez me sentía libre de toda la rabia y la amargura que en los últimos tiempos habían estado emponzoñando mi interior. Sabía que, en adelante, iba a llorar cada vez que evocase aquella tarde junto a Silvio. Pero en ese momento, mientras acariciaba la mano nudosa del viejo y recordaba en silencio episodios vitales que había estado apunto de relegar al último rincón de mi memoria, no quería derramar una sola lágrima. Había reconquistado la serenidad perdida tiempo atrás. No era el mejor escenario para el llanto. Solté con suavidad la mano de Silvio, y luego, por primera vez desde que le conocía, le besé en la mejilla.

-Muchas gracias -susurré.
-No me las des a mí. Son los años, que al final resultan útiles.





De cómo una mente se merma

25 06 2007

Once y cincuenta y cuatro de la mañana de un veinticinco de junio de dos mil siete. No escribiré las cifras con números, pues intento ser lo más correcto posible y respetar las normas de ortografía y gramática tanto como pueda. Hoy es lunes, media mañana y me muero de asco. Bienvenidos a mi puesto de trabajo.

Hoy Carles, mi jefe más directo (y responsable del departamento de sistemas), está en Madrid. Como consecuencia de ello, el trabajo brilla por su ausencia, ya que él es el que se encarga de hacernos currar aún cuando no hay absolutamente nada que hacer… Así que tanto Rafa (que lleva dos buenas horas jugando al jueguecito flash de siempre) como yo llevamos toda la mañana sin hacer absolutamente nada. Me he mirado las páginas de deporte, de noticias, varios blogs de amigos y conocidos, me he mirado algún que otro vídeo de Youtube e incluso me he sentado detrás de Rafa a verle jugar. Incluso ahora me fijo y el resto del departamento está tocándose las pelotas… Cristina webeando, mirando páginas chorras y Charlie limpiando su ordenador personal, que ha traído a la oficina para pasarle el mantenimiento. Listo él, que sabe que si Carles hubiera venido hoy, no habría podido disfrutar de su extraña manía de limpiar con un trapito cada ínfimo cable de su pequeño ordenador blanco. Le pregunto el nombre de ese mini ordenador y, sonriéndome y frotándose las manos al mismo tiempo, me susurra “Mac Mini”. Que frikazo. Parece el nombre de una nueva hamburguesa del restaurante que todos conocemos.

Anoche dejé a Almu en casa a eso de las dos de la madrugada. Suele ser la hora habitual de la despedida hasta el día siguiente, momento tras el cual me marcho a casa y a dormir las pocas horas que restan para ponerme en pie de nuevo. Pero ayer no fue así; me puse a retomar la lectura que le debo al libro de Marta Rivera de la Cruz. El nombre del libro es “En tiempo de prodigios”, un libro que compramos tanto mi novia como yo, con la ilusión de hacer una lectura conjunta e ir comentando la historia capítulo a capítulo. Desgraciadamente, no todo se puede llevar adelante, y la lectura del libro ha quedado relevada a un segundo plano. Son tan pocas las horas libres que tenemos fuera del trabajo que prácticamente todas  las intentamos pasar juntos… Así que la lectura, para cuando nos aburramos. Pobre libro, con lo interesante que parece y el poco caso que le hacemos… Así que lo dicho, madrugada a madrugada, intentaré hacerle un poco más de caso y así conseguir terminármelo.

No dejo de aburrirme. No entiendo como un puesto como el mío puede ser tan tranquilo y aterradoramente silencioso. Podrían poner un hilo musical, por lo menos. No sé, los guardias de seguridad tienen, al menos, un televisor, una radio… Y yo tengo Internet, y aún así me muero de asco. Cristina no para de hablar por teléfono, Charlie enchufa ahora su flamante ordenador con nombre de hamburguesa chic y rafa sigue enfrascado, casi metiendo la cabeza dentro del portátil, en su juego de torrecitas y misiles. ¿Y yo? ¿Qué hago yo aquí? Me preocupa esto, soy de los que no para quieto, de los que necesita tener trabajo para trabajar y tener presión para distraerme… Pero eso al resto no parece ocurrirle; están tranquilos, disfrutando del aire acondicionado, del silencio y la calma que reina hoy en esta oficina. Yo, sin embargo, no dejo de mover los pies en señal de protesta por esta inaudita calma. ¡Fujitsu! Dijo el ambiente.

Suena el ordenador hamburgueso con ese impoluto color blanco; “¡Arranca!” comenta Charlie con esa cara de satisfacción. Dios, se parece a mí cuando gano cinco euros en www.miapuesta.com, que me pongo más contento que unas castañuelas. A veces me da miedo y todo.





¡Welcome Back, Sir!

24 06 2007

Debido a cambios en mi vida, a la melancolía que me suscitaba ver este blog empolvado y al nuevo arranque que he tenido de “contar cosas”, reabro este blog para continuar lo que un día comencé. Sin prisas, pero sin pausas, poco a poco volveré a inundar miles de millones de pantallas con las palabras que salgan de esta cabecita. Tengo mucho que contar, y seréis testigos de ello.

Un saludo, sé que siempre estuvísteis ahí.





Blog cerrado

24 11 2006

Blog cerrado hasta nueva orden.

Las ganas de escribir de un servidor se han mermado bastante y no hay mucha motivación para continuar con la faena de actualizar el blog a diario. Siento el abandono, pero es una tarea que ya no reconforta.

Un saludo, hasta pronto.





Cine: Saw III

12 11 2006

Un día llegó, se presentó en nuestras pantallas sin antes haberlo visto nadie nunca (no como actor reconocido) y triunfó. Saw se convirtió en toda una película de angustia. Un film duro y cruel en el cual el espectador podía perfectamente salir de la sala de cine por lo tremendo de sus imágenes. Inventó un nuevo subgénero de la factoría de películas de terror y se consolidó como la trama más original y enrebesada con su segunda parte, Saw II, en el que el cerco de torturas y dolor se ampliaba y daba cabida a más gritos y sangre.

Ahora llega Saw III, la tercera parte de esta macabra trilogía. A todo aquél que adora ver sufrimiento, dolor y vísceras en la gran pantalla no le decepcionará, en absoluto, la cinta de Darren Lynn.

Según mi crítico de cine preferido, Red Stovall, Saw III no es más que un cúmulo de imágenes morbosas, violentas e innecesariamente a veces desagradables escenas que no hacen sino más que hundirse en una bañera de despojos. Pues bien, a mí, aunque me esperaba un poquito más, no me llegó a decepcionar. Sí diré que es mejor que la segunda entrega, pero no es mejor que la primera. Es de recibo, que fue la novedad y lo más chocante, pues se convirtió en algo tremendamente difícil de superar.

La mayor sorpresa, quizás, sea la estelar reaparición de Tobin Bell (Jigsaw, el malo) tras pretender hacer creer al público que murió en la segunda entrega. Nuevos juegos maestros de tortura y muerte, demostraciones de auténtica maestría sádica motivadas porque la gente continúa sin apreciar sus vidas y una nueva tesis, concentrada en la capacidad que podemos tener las personas de perdonar, son el contenido de este nuevo éxito (porque lo será).

A mí me pareció un filme complicado. Muchas vueltas, muchas historias que se enlazan, mucho argumento difícil de coger a la primera… Pero, a mi gusto, todo encajado a la perfección (o casi, porque no hay nada perfecto). Debe ser complicado emparalelar tantas tramas en una historia. Todo esto sin mencionar que la película explica muchas, muchas cosas, de la primera y segunda parte. A mi modo de ver, esta debería ser la última entrega, pues te lo cuenta todo y consigues encajar todas las piezas del puzzle. O no…

Eso, por supuesto, no os lo contaré, pues sería el spoiler mayor y no es plan de amargaros la película.
Ya os amargará ella solita jejeje…

Un ocho para Saw III, que supo hacerme disfrutar de nuevo, pero que no superó a su primera aparición.





¡GUAPA!

11 11 2006

¡Preciosa!

Hoy dedico este artículo a mi niña, que tras mucha indecisión se ha envalentonado y se ha decidido a cambiar un poco su look. Un flequillito y un vaciado de pelo notable han hecho de la ya guapísima Almudena una estrella aún más reluciente. Sí, muchos diréis “vaya, si simplemente se ha cortado el pelo…“, pero ¡vamos, vamos! Anda que no está guapa mi niña, aunque ya lo estaba antes también… Pero el cambio es muy bueno ;-)

Nada, sólo quería dejar constancia de lo bien que le sienta el peinado ahora a mi cosita con esa foto, en la que sale preciosa. Ahora me voy a recojerla, que hemos quedado para cenar y no puedo llegar tarde xD

¡Un besote, nena!





Cine: Children of Men

10 11 2006

Colosal, genial, preciosa, emocionante, inquietante… Pero me falló.

La verdad es que, cuando leí las críticas de “Hijos de los hombres“, en las que se decía todo lo posible para que el respetable arrojase espuma por la boca con nervio e impulsos por acudir a la sala de cines a verla, no imaginé que casi todo sería cierto. Y digo casi todo, porque a mí me dejó patidifuso el final de la película. Pero empecemos por donde casi todo el mundo empieza… Por el principio.

Llegué tarde a la sala, dos minutos apenas, pero bastaron para que me perdiera algo importante (no lo diré, porque sería spoiler y no es plan). Aunque super perfectamente lo que me había perdido porque se tiran toda la película lamentándose por lo que ocurre xD Pero bueno, bien, llegué a la sala y ¿qué me encuentro?

Año 2027, el mundo ha llegado al caos. La especie humana está agotando los últimos días de su existencia debido a que desde hace dieciocho años las mujeres no son capaces de tener hijos. La fertilidad de las féminas desaparece y con ella la esperanza de futuro para la humanidad. Y claro, una vez más, cuando se trata de contar catástrofes inhumanas que paralizan la progresión del planeta, siempre tiene que haber un grupo de héroes, una nación capaz de encontrar el camino a la solución para el resto. Como no podía ser de otro modo, o eran los americanos o eran los ingleses. Turno para los ingleses, pues. La verdad, no me imagino a los españolitos salvando al mundo, así que supongo que no está mal que se encarguen los ingleses de ello…

El ejército se encarga de limpiar las calles de refugiados, el frente rebelde se encarga de limpiar las calles de soldados, y mientras tanto, el gobierno abre a su antojo campos y campos de internamiento donde se tortura a los no-ingleses porque sí. Las imágenes ya típicas de personas con bolsas de tela marrón en la cabeza y descargas elécricas llegan a la gran pantalla para hacernos testigos de torturas, vejaciones y total desprecio al inmigrante. El futuro es ese, jaulas en las que se encierran a niños, ancianos, hombres y mujeres. Todo por no ser del país. Todo el mundo ha perdido la esperanza de sobrevivir y el hobbye ahora es ver quien mata más.

Pero se produce el milagro; una chica embarazada topa con nuestro protagonista (o más bien al revés) y ha de escapar de la zona para ir hacia el mañana, el barco donde se supone que podrá cuidar bien de su futura hija y ofrecer una esperanza al mundo. La película cuenta el camino desde la choza donde vive la chica hasta su objetivo, pasando por millones de balas lanzadas por toda la pantalla, explosiones a diestro y siniestro y dramatismo al cien por cien.

¿Lo mejor? La ambientación. El equipo de decorados de Children of Men ha hecho un trabajo sublime, enormemente logrado. La sensación de deterioro y deflagración del entorno y sus habitantes es verdaderamente espeluznante. Mucha ruina, mucho escombro, mucho dolor y pobreza. El ambiente es, permitidme la palabra, cojonudo.

Lo peor, quizás sea el final. Es lo único de lo que me quejé y, aunque es bueno dejar un final así, cabrea, y mucho, tras todo lo que el espectador ha visto en la sala de cine.

En definitiva, muy buen largometraje. Trepidantes persecuciones (brutal la persecución que comienza en un viaje en coche a través del bosque y acaba en el rancho, con giros de cámara impresionantes y sensación de ir en el mismísimo coche) y fugas (la de Clive Owen de la misma granja, empujando un Scenic durante trescientos metros y escapando de sus enemigos…). Ah, y casi se me olvida, la intervención de Michael Caine en el largometraje me encantó. Hacía tiempo que no veíamos al veterano actuar con tanta soltura y la verdad, me gustó ver a este hombre en la película. Ya os digo, la película me pareció muy lograda y emotiva.

Mi nota, un nueve. El final me pesó mucho.