Qué curioso es el funcionamiento de la apariencia. El cómo algo puede pasar de ser una aberración a una maravilla. Del cómo el sucio se convierte en limpio o lo muerto recobra vida. Me parece fascinante que nosotros, con nuestras manitas, podamos hacer que donde antes había desolación, ahora reine la alegría. Que donde flotaba en el aire el olor agobiante de una casa cerrada en verano, ahora sea autopista multicolor de frescas y dulces fragancias. Que de aquél austero y malparado rincón, surjan ahora luces y espacios alegres. Realmente nunca me había fijado, pero el ser humano tiene una capacidad realmente poderosa para convertir en vida todo lo que tiene algo de muerte en sí. Aunque, en casos de salud, no todo el monte sea orégano, claro.
Os parecerá increíble, pero la inspiración que me empuja a escribir este artículo la saco de la ilusión y la paz que encuentro al meterme, poco a poco, en mi futuro. En nuestro futuro. En la creación y decoración de nuestro hogar.
Ayer domingo fue el primer día de remodelación hogareña, y no nos fue nada mal, teniendo en cuenta que sólo tuvimos unas horas para hacernos una idea del trabajo que nos espera y comenzar, poco a poco, a limpiar la casa. Cartones, ropa por en medio, muebles, bolsas, comida… Teníamos que deshacernos de muchas cosas, y Almudena se encargó de comenzar por el cuarto de Iván. Y estuvo un buen rato eh, no creáis que fue moco de pavo. Tuvimos que romper un mueble y todo (a todas luces inútil). Qué lástima de dinero perdido, vaya mueble más innecesario… Pero en fin, fue limpiar y ordenar la habitación, abrir la persiana y dejar que entrase luz y aire y el cuarto ganó una alegría que no veíamos sino en la cara del niño. Qué chula te va a quedar la habitación, pequeñajo
Al mismo tiempo que Almu se encargaba del palacio de Iván, yo tapaba agujeros con Aquaplast (que bien va, el jodío) en nuestra habitación. Limpié el suelo y, por último y no menos importante, pinté nuestra pared. Sí, bueno, hemos decidido pintar la pared que hará de cabecero de la cama. No os diré el color; sólo os diré que queda precioso. En cuanto Almu acabó con la habitación de Iván, también se cargó el baño entero, que madre mía de mi alma, parecía eso una maqueta 1:1000 del Bronx. Entre las colillas, el suelo, los churretes y el espejo, podría bien compararse aquél servicio con el de cualquier pub de mala muerte de Gomila. Sin embargo, el buen hacer de mi enamorada mujer dejó en muy buen lugar el brillo que al rato cubría las paredes. Y es que se hartó de trabajar, mi pobrecita.
Es por eso que os digo que sólo ayer, sólo en tres o cuatro horas, convertimos dos habitaciones y un baño en tres espacios preciosos, bien olientes y dignos de una sonrisa. Es por eso que digo que con voluntad y mano de obra (y algo de gusto) se puede resucitar lo que sea y dibujarle una sonrisa.
Ahora toca seguir tirando basura, terminar con la pintura (o seguir) y pasar a la cocina y el salón. Para lo último dejaremos el patio, que es la guinda del pastel.
Como detalle, deciros que jamás había cogido una brocha, ni un rodillo, ni tapé nunca un agujero en la pared. Sin embargo, creo que bien basta tener un poquito de ilusión para crear de la tarea una aventura. Que es nuestro futuro el que estamos construyendo. Y que aún no hemos empezado, y ya me siento orgulloso.
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